lunes, 3 de junio de 2013

El Salado, 12 años después.

Adela Colorado

Sí hijo, el horror entró en nuestra tierra, nuestro suelo se bañó de sangre blanca y pura, mis entrañas eran comidas por el fuego, por el duro y estremecedor sonido de los tiros, por los gritos del verdugo y el gemido doloroso de la tortura rompía el aire como puñales afilados; sentía en mi cuello el aliento de la muerte, la noche fue eterna, el amanecer no daba señales de su existencia. Sentía que ya no podía respirar, mi mente ardía, los deseos y los recuerdos corrían dentro de mi sin control, buscando entre las tinieblas de mi existencia, un sorbo de esperanza; y tuve un sueño, soñé la muerte de Satanás. El campo estaba limpio, libre, volaban los deseos cumplidos sobre la hierba húmeda. Esa humedad ya no eran ni lágrimas ni sangre, era agua de Dios, vencedor único de la batalla. A Él lo vi agachado recogiendo trozos de corazones rotos, armándolos con gran delicadeza y cubriéndolos con un suave manto que aseguraba su entereza.  Las lágrimas las lanzó al río y nos dijo que debíamos emprender el soñado viaje al sol.
Esto hijo, lo viví en la tierra donde te engendramos, en El Salado, un corregimiento del Carmen de Bolívar, sembrado en los Montes de María, una región productiva por sus tierras, pero víctima de esa riqueza natural.  Era un territorio apetecido y  presa codiciada por los grupos al margen de la ley, no solo por su privilegiada ubicación geográfica, sino  también por el abandono y olvido por parte del Estado y la falta de control institucional sobre el comercio.
Han pasado 12 años desde que ocurrió una de las masacres más espeluznantes de nuestra historia. Los días 16, 17, 18 y 19 de febrero del año 2000, el pueblo fue invadido por más de 300 demonios que se mataban entre ellos, y que además arremetieron contra la población, matando con la mayor sevicia jamás imaginada a más de 100 personas que tranquilas dormían y vivían con su simplicidad. Durante esos días, el sol ardiente secaba rápidamente los sonidos del horror, el silencio era mortal, los animales huyeron, no era posible escuchar el crujir de las hojas debajo de las patas de las iguanas, ni el trinar de un pájaro; el viento huyó, dejando inmóviles las ramas de los árboles.  Hoy, 12 años después, esta tierra aún nos cuenta la historia de esa Colombia violenta, y ojalá nunca deje de contarla, pues es la única manera de no repetir errores de esa magnitud. Para eso es la historia hijo, para corregir, intervenir y reconstruir. Porque los recuerdos duelen a los cautivos de la guerra, duele ver a sus hijos atrapados por el hambre, duele verlos tocar la tierra y el calor con sus pies descalzos; solo las pocas lágrimas que les quedan son las que logran humedecer su piel seca, su cabello arrugado, su alma marchita. Y los hijos de la guerra somos todos los hombres, todos, hijo, por eso te cuento y regreso aquí a esta tierra de mis recuerdos, a esta población invisible que deseo sientas y toques. Deseo que cada una de mis historias sean una semilla sembrada en ti, para que a lo largo de tu vida puedan germinar y ofrecer frutos de esperanza a la humanidad, porque aún nos queda la vida para ver el amanecer.  


domingo, 8 de enero de 2012

Navegación a vela: “Canto al viento y a la mar”

Navegación a vela: “Canto al viento y a la mar”

Adela Colorado


Las velas, el agua y el viento han sido desde siempre, tres elementos fundamentales en el desarrollo y evolución de la humanidad, es así como vemos la influencia tan determinante de éstos en el desarrollo de la economía, los medios de comunicación, las relaciones entre los pueblos y la divulgación de costumbres y culturas.  La navegación a vela ha sido reemplazada a lo largo de los años, por el motor, debido al inevitable y necesario avance tecnológico y de ingeniería, sin embargo en toda escuela de marina que se respete, se sigue pensando que un buen oficial se debe preparar en un barco de vela. Se tiene noticia de que fueron los japoneses en 1874, los primeros en restaurar un viejo yate imperial, el Meiji Maru, para convertirlo en Buque Escuela. Siguieron los franceses en 1903 con la Ëtoile y la Belle-Poule. En 1927 en Cádiz, la Armada Española bota a la mar al incomparable Juan Sebastián de Elcano. De América cabe destacar el Esmeralda de Chile, el Cuahutémoc de México, el Libertad de Argentina, el Cisne Branco de Brasil, el Eagle de USA y nuestra Colombia, territorio privilegiado, lanza a sus fronteras cálidas y susurrantes, el Buque Escuela Gloria, cuya historia se remonta al año 1964, cuando el señor Vicealmirante Orlando Lemaitre, era Comandante de la Armada Nacional y estaba empeñado en lograr un buque escuela para forjar el temple de los marinos colombianos. Fue el 24 de junio, durante la celebración del día de la Armada, cuando logra convencer al Ministro de guerra, General Gabriel Revéis Pizarro, quien delante de varios oficiales, escribió y firmó en una servilleta:”vale por un velero”. Después de tan particular y simpático compromiso, el gobierno nacional mediante Decreto 111 de 1966, autoriza la construcción del buque. Su nombre se debe a la señora Gloria Zawadsky de Revéis, esposa del General Revéis. Es la Sociedad de Construcción Naval Española, en Bilbao, quien construye el buque y es botado a la mar en puerto Ferrol del Caudillo-España, en octubre de 1968, para tocar por primera vez puerto colombiano, en Cartagena de Indias, el 11 de noviembre de1968. Son estas máquinas, pertenecientes a esa estirpe, que de la mano de la naturaleza y el hombre, nos llevan a vivir sueños de gaviotas y delfines, que galopan impetuosos, llenos de valentía, abriendo el  camino de la ruta marcada por navegantes aguerridos y aventureros que surcan los mares, cantándole al viento y al mar las melodías recogidas en cada puerto, actuando como sembradores en el agua, labrando las olas e hincando raíces que amarran fuertemente a ese hombre de corazón marinero que no sucumbe ante la firmeza de la tierra, el que entiende y toma ese hilo intangible del viento,  con el cual logra tejer su existencia, el que doblega, conquista y somete la fuerza de la mar y sus cómplices.
El verdadero marino, es el que sabe disfrutar el placer de navegar en un gran velero y es capaz de escuchar el sonido del viento, un sonido que al encontrar las velas en el infinito brinda acordes que a veces son latigazos despiadados y a veces suaves caricias, ese verdadero navegante entiende cuántas caras, cuántos sentimientos y momentos nos pueden brindar el agua, el viento y las velas. Tres maravillosos elementos que unidos, le regalan al hombre una aventura única y eterna: navegar!
Foto: Alexandre Magre

Navegación a vela: “Canto al viento y a la mar”

Navegación a vela: “Canto al viento y a la mar”

Adela Colorado


Las velas, el agua y el viento han sido desde siempre, tres elementos fundamentales en el desarrollo y evolución de la humanidad, es así como vemos la influencia tan determinante de éstos en el desarrollo de la economía, los medios de comunicación, las relaciones entre los pueblos y la divulgación de costumbres y culturas.  La navegación a vela ha sido reemplazada a lo largo de los años, por el motor, debido al inevitable y necesario avance tecnológico y de ingeniería, sin embargo en toda escuela de marina que se respete, se sigue pensando que un buen oficial se debe preparar en un barco de vela. Se tiene noticia de que fueron los japoneses en 1874, los primeros en restaurar un viejo yate imperial, el Meiji Maru, para convertirlo en Buque Escuela. Siguieron los franceses en 1903 con la Ëtoile y la Belle-Poule. En 1927 en Cádiz, la Armada Española bota a la mar al incomparable Juan Sebastián de Elcano. De América cabe destacar el Esmeralda de Chile, el Cuahutémoc de México, el Libertad de Argentina, el Cisne Branco de Brasil, el Eagle de USA y nuestra Colombia, territorio privilegiado, lanza a sus fronteras cálidas y susurrantes, el Buque Escuela Gloria, cuya historia se remonta al año 1964, cuando el señor Vicealmirante Orlando Lemaitre, era Comandante de la Armada Nacional y estaba empeñado en lograr un buque escuela para forjar el temple de los marinos colombianos. Fue el 24 de junio, durante la celebración del día de la Armada, cuando logra convencer al Ministro de guerra, General Gabriel Revéis Pizarro, quien delante de varios oficiales, escribió y firmó en una servilleta:”vale por un velero”. Después de tan particular y simpático compromiso, el gobierno nacional mediante Decreto 111 de 1966, autoriza la construcción del buque. Su nombre se debe a la señora Gloria Zawadsky de Revéis, esposa del General Revéis. Es la Sociedad de Construcción Naval Española, en Bilbao, quien construye el buque y es botado a la mar en puerto Ferrol del Caudillo-España, en octubre de 1968, para tocar por primera vez puerto colombiano, en Cartagena de Indias, el 11 de noviembre de1968. Son estas máquinas, pertenecientes a esa estirpe, que de la mano de la naturaleza y el hombre, nos llevan a vivir sueños de gaviotas y delfines, que galopan impetuosos, llenos de valentía, abriendo el  camino de la ruta marcada por navegantes aguerridos y aventureros que surcan los mares, cantándole al viento y al mar las melodías recogidas en cada puerto, actuando como sembradores en el agua, labrando las olas e hincando raíces que amarran fuertemente a ese hombre de corazón marinero que no sucumbe ante la firmeza de la tierra, el que entiende y toma ese hilo intangible del viento,  con el cual logra tejer su existencia, el que doblega, conquista y somete la fuerza de la mar y sus cómplices.
El verdadero marino, es el que sabe disfrutar el placer de navegar en un gran velero y es capaz de escuchar el sonido del viento, un sonido que al encontrar las velas en el infinito brinda acordes que a veces son latigazos despiadados y a veces suaves caricias, ese verdadero navegante entiende cuántas caras, cuántos sentimientos y momentos nos pueden brindar el agua, el viento y las velas. Tres maravillosos elementos que unidos, le regalan al hombre una aventura única y eterna: navegar!

URBANISMO, ARQUITECTURA Y HOMBRE

URBANISMO, ARQUITECTURA Y HOMBRE

¿Evolución o involución de Cartagena?

Adela Colorado

En Cartagena el modelo de desarrollo urbano no ha sido muy diferente al del resto de las ciudades colombianas, las cuales han crecido bajo un proceso acelerado, que no les ha permitido adoptar un orden racional; uno de estos elementos es el de las constantes migraciones causadas por los diferentes actores de nuestra historia, que lo único que finalmente han logrado es convertir la pobreza y el despojo rural en pobreza y  desconcierto urbano, lo cual nos da como resultado hoy, una ciudad desprovista de orden, donde nacen y cabalgan a gran velocidad, núcleos humanos espontáneos sin ningún tipo de control. Cartagena ha vivido, dentro de ese proceso de desarrollo urbano, cinco tipos de ciudad: la ciudad de origen o colonial, la republicana de expansión, la suburbana norteamericana, la espontánea de invasión que va paralela con la ciudad moderna y finalmente la de hoy SXXI, que no sé cómo llamarla, ¿ciudad libre? ¿ciudad sin ley? ¿ciudad anárquica?...”. La primera expresión de crecimiento urbano de Cartagena, la vemos a finales del S.XIX, cuando la ciudad siente que se ahoga dentro de su corralito, y se inicia un proyecto de ciudad sana, el cual consistía en “romper” el cordón de murallas y expandirse hacia terrenos cercanos como El Cabrero, Manga y Pie de la Popa. Para este crecimiento fueron determinantes las características geográficas del territorio, donde podemos ver que la ruta que toma la mancha urbana en Cartagena, es hacia tierra firme, con un trazado lineal, que sigue las vías antes marcadas por puentes que cosían los diferentes trozos de terreno.
La cultura, la economía, la política y la ética son los elementos básicos para crear una sociedad, estos elementos deben ser manejados por profesionales idóneos, cargados de sabiduría, pues son ellos los únicos que finalmente serán la conciencia de las ciudades. En este trabajo no puede intervenir libremente el ser humano, es esa espontaneidad la que ha creado el caos, donde la ley se acomoda para beneficios particulares, donde predomina el yo y no el nosotros, donde por defender mis supuestos derechos, puedo avasallar los derechos de los demás. Eso nos explica claramente por qué nuestra ciudad tiene un comportamiento urbano descontrolado, por lo tanto la pregunta es: ¿Quién ha de ser el autor de esta obra llamada ciudad?. La sociedad en conjunto por supuesto, acompañada de profesionales preparados para esta misión, pero estoy absolutamente convencida de que esta responsabilidad recae totalmente en el arquitecto, quien está obligado a ser dueño de una visión creadora y organizadora, debe ser capaz de ver en el vacío y al mismo tiempo poder dar continuidad a una construcción que evoluciona con el paso del tiempo, sin obviar la profundidad histórica que el contexto abarca. El arquitecto debe ser primero urbanista, para después poder acercarse a la creación de las formas internas de la ciudad. En arquitectura se estructuran espacios y volúmenes, en urbanismo se estructura a la sociedad, con la ocupación y usos del suelo. Ambos deben estar en completa comunión y lograr un óptimo equilibrio y armonía, pues la composición ordenada es la esencia de la vida misma y de ella se ha de partir para la creación, desarrollo y continuidad de las ciudades.

AYER, CUERPOS DE AGUA

AYER, CUERPOS DE AGUA Y PROGRESO, HOY SEDIMENTOS

Adela Colorado

La geografía natural de Cartagena y sus cuerpos de agua, son los elementos que la han convertido desde la conquista, en una ciudad totalmente vital, pues a través de ellos la ciudad se abre hacia el exterior. Fue su bahía la razón de su fundación y en la época de la colonia, fue el camino del comercio y la prosperidad. 
La presencia de los cuerpos de agua, hacen de Cartagena una ciudad con características morfológicas especiales, convirtiéndose en un envidiable paisaje natural, pero al mismo tiempo en un sistema de una gran fragilidad ambiental. El concepto de entorno acuático que tenía la ciudad y que fue parte de su historia como elemento de protección y defensa, hoy solo sirve como recipiente de residuos y aguas negras que afectan el medio ambiente urbano. La ciudad le ha dado, a través de la historia, la espalda a los caños, lagunas y ciénagas y se han convertido en los patios traseros, donde se vierten los desechos del quehacer diario.


Si hacemos un recorrido por la historia de Cartagena, podemos observar cómo el uso de la tierra ha cambiado radicalmente, pasando de ser un territorio con cuerpos de agua abundantes con flora y fauna notables, a ser utilizada por los primeros pobladores de estas tierras como lugar para los desechos de todo tipo y tala de su vegetación.
 La presencia de barrios marginados, la descarga de gran cantidad de aguas negras y  basuras a los cuerpos de agua, el arrastre de residuos urbanos y la actitud de indiferencia para conservar este precioso don de la naturaleza, han hecho de los caños, lagunas y ciénagas de Cartagena uno de los focos de contaminación mas peligrosos de todo el país. La proliferación de enfermedades en estas áreas hacen de ella una zona de emergencia sanitaria. La profundidad de las aguas se ha reducido en gran manera, creándose unos fondos de lodo que no permiten la vida de los peces y demás seres vivos acuáticos.


Cartagena de Indias, Patrimonio Cultural de la Humanidad, es uno de los centros históricos coloniales mas importantes de América Latina, y como tal, debe representar así su entorno. Debemos regresar de cierta forma al pasado heroico que ella vivió, utilizando como entonces, el medio acuático como uno de los principales componentes del desarrollo urbano, para así lograr una integración de los elementos agua-tierra, siendo esto lo normal en ciudades como la nuestra, localizadas a la orilla del mar y mas aún con cuerpos de agua internos que nos permitirían obtener un armónico resultado.



Cartagena y su noche

“ LA NOCHE EN CARTAGENA.......”


Cuando el sol baja a arroparse con las sábanas del mar, y la luna se asoma a vigilar su sueño, Cartagena suelta su larga cabellera negra y salen a relucir los colores de la oscuridad.

Cartagena en la noche exhala todos los agobios y sudores que en el día la acosan, es entonces, cuando las luces se convierten en cristales que nos hacen guiños y nos invitan a recorrer calles, plazas, pensamientos y momentos.

En la noche nadie duerme, todos viven y tejen su existencia bajo sueños o realidades despiertas. La ciudad de día calla y olvida los secretos vividos en la noche, es en ese momento, cuando la fotografía acude y nos cuenta las historias atrapadas.
Estas imágenes salen de los rincones del pensamiento de los autores, de los espacios, recovecos, y de la luz que emana Cartagena.
Mira, vive y respira que la noche te acompaña y en el día calla...

Nuestra historia se marchó

NUESTRA HISTORIA SE MARCHÓ, DE LA MANO DE UN CAUDAL

Adela Colorado

200 años de historia corrían presurosos al sentirse arrastrados, desnudos y fríos. Las sombras de la noche se despertaron al sentir la epidermis del papel y el fuerte rugir de la madera abriéndole camino a la corriente. Dos grandes ojos negros lloraban, eran los de Anselmo, quien apretando los puños sentía cómo su alma se quebraba de impotencia. “!Lo sabía, lo sabía! El día y la noche me lo anunciaron”. Se agachó lentamente, su ropa pesaba cargada de agua, levantó la fotografía de 1865, la miró fijamente, pero ella sin permiso se esfumó. Anselmo no lo podía entender, ¿por qué la historia se esconde y huye de la mano del agua? “ ¡Agua, maldita, no te lleves nuestra historia! ¡No tienes derecho! ¿Cuántos años te guardé? ¿Cuántas horas te dediqué? Eres desleal, historia, me abandonas sin pudor, te marchas sin avisarme”. Historia lo mira en medio de la penumbra y le dice: “no me quiero ir, sé que me amas y sé que me necesitas, sé que tus raíces yo las guardo, pero me lleva, el agua me lleva y no puedo hacer nada, ustedes no hicieron nada!” El fin comenzó, las sombras atraparon y amarraron el espíritu de Anselmo y en complicidad con el agua, huyeron juntos, llevándose las imágenes de la historia. La conciencia de Anselmo le repetía: “gastarás la memoria tratando de retener los recuerdos, pero ya no es posible, se fueron para no volver”. El viento de la noche trajo los gritos, lamentos y angustia popular, cuando vieron impotentes que su historia se marchó, de la mano de un caudal.
Se podía oler la angustia de Anselmo. El silencio lo despertó de sus pensamientos y escuchó su fuerte voz cuando le dijo: “levántate y no llores, tu error ha sido grande, has hecho las cosas al revés, busca primero la conciencia en la oscuridad de los corazones de los hombres y después, podrás guardar la historia”. Anselmo temblando de frío y de dolor, quedó sentado en un charco de agua, rodeado de papel desecho, convencido ya, que no se puede buscar lo que no existe. “Nuestra historia se marchó, los poderosos no tienen conciencia, solo no puedo luchar, estoy cansado, no puedo más!” Los Dioses lo miraron con compasión y clavaron en él una daga de esperanza, ésta anidó en su garganta y apretando fuertemente el deseo, gritó:”¡la historia quiere vivir!”.